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Entrevista a Karry Diario Correo del Perú.  
Ermengol, Bichos de risa  
  Por Omar Zevallos  
Boletín de Literatura de la Imagen 22  
CALARCA - El Cacique de la Caricatografía Colombiana
Por Carlos A. Villegas Uribe
 
de la Red de Es-tudios Interdis-ciplinarios sobre
la Risa por Carlos Villegas Uribe
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Competencia HumoDAEVA 2005 en Rumania
Homenaje a Fontanarrosa
The Contest of Graphical Humor "laughter is health" Argentina  
Boligan caricaturista Mexicano, Gana Premio: World Press Cartoon 2006.  
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Los Cartoons contra el terrorismo, de los autores mas grandes del mundo  
     
   

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Nace Tinta y Lapiz.com, revista digital creada por Carlos Alburqueque, notable ilustrador e historietista peruano radicado en USA
Premiados: Passepartout, Karry, Krahn, Bertolotti e Ashmarin
LA RISA AL BORDE DEL ESPANTO – obra del Caricatografo Colombiano CALARCA presentada por Carlos Alberto Villegas 
La Exhibición de Caricaturas º CARA-GIALEº en Rumania
"Dibujar por instinto". Entrevista a Mordillo Por M. Barrero y JAPE
Competición global en las metas del desarrollo del milenio Alemania   Entrevista con Antonio Cedraz
Desde Egipto el gran caricaturista Effat Mohamed nos envía un Especial de humor de PHARAOHS MAGAZINE 35
Día del Cartoon mundial / de Abril, los mejores del 2005.

 

 

 

"7mo Festival Internacionale di Humor Grafico":
 

Nella pagina Festival troverai le immagini (disegni e fotografie ) della 7a edizione del Festival, realizzata nel 2004 e ripresentata con enorme successo durante l’anno 2005 in altre città d’Italia. Dieci città visitate e circa 50 mila spettatori. Troverai anche i disegni premiati dalla giuria popolare (Passepartout, Karry, Krahn, Bertolotti e Ashmarin). Inoltre troverai la mostra virtuale dell’8° Festival, con la lista d’autori premiata dalla giuria internazionale formata dai disegnatori: Altan, Oscar Grillo, Fernando Krahn, Massimo Bucchi, Lucio Trojano e il direttore del Festival Julio Lubetkin.

 

 

Passepartout

 

Karry

 

Krahn

Bertolotti

 

Artista invitado: Mauro Talarico (Italia)

 
 

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"Tinta y Lapiz.com":
Revista Digital Cultural y Artística

 
Tinta&Lapiz es una revista digital, cultural y artística creada con la finalidad de promocionar las diferentes manifestaciones artísticas de nuestros paises:pintura, ilustración, historieta, caricatura, animación, escultura, danza, teatro. Inicialmente Tinta&Lápiz será una galeria virtual donde desfilarán los diferentes artistas representativos de cada uno de nuestros países, y de la creciente comunidad hispana en Estados Unidos. Además, se podrá encontrar caricatura editorial la cual será actualizada semanalmente y cuyos contenidos serán tomados de los acontecimientos más relevantes vividos en nuestras comunidades. Habran artistas invitados como caricaturistas, artistas de comics,ilustradores, pintores, escultores. Habrá también una vuelta por los blogs de toda la blogalaxia resaltando las noticias más impactantes relacionadas a lo último en el mundo del comic, caricatura, animación,ilustracion digital, manga y toda manifestación artística referente a este mundo fascinante del arte. Unos de las razones más importantes con la creación de Tinta&Lápiz es su disponibilidad a servir como un nexo entre el artista y su público, para lo cual invita a todos ellos a considerar esta ventana al mundo para exponer sus obras y poder mostrar sus creaciones a un auditorio, que como todos sabemos, es inmenso. Agradecemos cualquier
  sugerencia y critica constructiva para hacer de este proyecto una realidad invitando a todos los artistas a enviar sus caricaturas para ser mostradas en esta revista.

TINTAYLAPIZ.COM

 

 

 

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"Dibujar por Instinto":
Entrevista a Mordillo

 

Entrevista practicada por Manuel Barrero y Jorge Alberto Piñero, "JAPE", a las 10:20 horas del día 16 de octubre de 2002 en el Rectorado de la Universidad de Alcalá.

Fotografía de Mordillo copyright Manuel Barrero

[ Mordillo, mientras era entrevistado en el Rectorado de Alcalá de Henares. Fotografía © 2002 M. Barrero


Autor de reconocido estilo, imitado por mil, cuidadoso hasta el extremo, agrimensor de la viñeta (la cual mide despacio en su tiempo y en su forma colorida)..., Mordillo es un veterano mimador de la memoria y un humorista feliz que celebra el azar gozoso de su vida. Fue entrevistado pocas horas antes de ser investido catedrático honorífico en Alcalá de Henares. 

Manuel Barrero: Su padre era español, y nos gustaría saber si le transmitió algo como español y / o algo como dibujante.

Guillermo Mordillo: Mi padre nació en Extremadura, pero viajo a Argentina cuando él tenía 9 años. Mi madre también era española, nació en Asturias, y viajó a Argentina cuando tenía 18 años. Mi padre se naturalizó argentino. Mi madre, no; llegó a Argentina en 1928, cuando tenía 18 años y nunca se nacionalizó, y murió española. Mis abuelos paternos eran de Extremadura, de un pueblo que se llama, aún, Guijo de Granadilla. Los dos abuelos, José y Teresa, yo me imagino que con sus seis hijos, desde 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial, montaron en un barco de carga o de pasajeros, y tardaron más de un mes navegando por el Atlántico hasta Buenos Aires por esa época. Yo sé que llegaron el 2 de noviembre y no pudieron desembarcar porque era muy tarde y no había empleados en el puerto. Así que llegaron el 3 de noviembre de 1913. Mi padre tenía 9 años. Poco me pudo transmitir, entonces.

MB: Usted comenzó a dibujar desde muy jovencito. Tengo entendido que sus primeras influencias fueron Ferro, Quinterno, Divito, Oski. Pero también Salinas. Me llama la atención la influencia de Salinas...

GM: Por el color. El color de Salinas yo lo veía desde pequeño, me gustaba y lo apliqué en mis dibujos. Yo hago un color muy terminado, muy aplicado; dicen que soy muy colorista, que lo que se ve en un dibujo mío es el color, luego viene el dibujo, la historia, el chiste... Pero lo primero que engancha en mi dibujo es el color. En realidad, como influyentes, yo podría nombrar todos los dibujantes argentinos, que son muchos, muchísimos, y agregar a ellos todos los demás dibujantes que yo he visto en mi vida. Todos, casi sin excepción me enseñaron algo, porque los que a mí me gustaban me ensañaron lo que había que hacer, y los que no me gustaban me enseñaban lo que no había que hacer. Todos me enseñaron algo. La escuela nuestra, en nuestro trabajo (porque no hay una universidad, no hay una academia), la escuela es la vista.

MB: ¿Ver el trabajo de otros y dibujarlo?

GM: Sí, pero no copiarlo. Guardarlo como algo que has visto y, cuando te pones a trabajar, pensar ¿y esto cómo lo hubiera resuelto tal? Si yo tengo un estilo propio (en un dibujo mío no tienes que buscar la firma, porque ya sabes quién lo hizo) el mérito mío, si hay un mérito, es haber hecho un cóctel de todo lo que he visto, sacar un estilo y que no se note que es un cóctel.

Jorge Alberto Piñero: Cuando se sale del marco argentino ¿qué autores internacionales son los que empiezan a influir en sus obras?

GM: Por distribución, y por sindicatos, los americanos, porque cuando yo era  pequeño quienes llegaban a Buenos Aires, los chistes, las tiras, eran americanos. El primero y número uno: Disney. Lo que pasa es que Disney es el dibujante más conocido el mundo pero él no dibujaba. Disney era un director de grupos de dibujantes. Me estoy refiriendo a las películas de dibujos animados. Las películas se hacían con ese criterio según su estilo, el estilo Disney, aunque él no dibujara, dibujaba muy poco. Walt Disney, entre los 18 y los 22 años intentó publicar tiras, viñetas cómicas, en los periódicos de Chicago y Kansas City. No publicó nunca. Por eso se “desvió” hacia la animación, para hacer dibujos animados; se rodeó de gente, de dibujante, a los que supo dirigir, les supo dar su forma de pensar.

MB: En sus primeros pasos profesionales, usted comenzó haciendo publicidad, ilustrando cuentos de Perrault y trabajando para Peter Pan ¿qué recuerda de aquello?

GM: En mi primer trabajo con una editorial yo tenía 18 años. Cuatro libros sobre cuentos hice. A los 20 años, tenía un estudio de dibujos animados con otros colegas: Eduardo Galuppo, que sigue haciendo animación hoy, y Aldo Camarotta, que era mi escenarista, de las historietas que yo hacía para la revista Peter Pan (y que no contaba la historia de Peter Pan, publicaba cuentos e historietas). De hecho, yo empecé haciendo dibujos animados en un estudio que teníamos con Galuppo y se llamaba Galás. Eso fue en Buenos Aires, pero justo antes de que yo me fuera, en el año 1955, cuando tenía 23 años. En el Perú, donde fui, durante cinco años hice exclusivamente publicidad. Fuera de la publicidad, ilustré dos libros, de fábulas de Esopo y fábulas de Samaniego.

MB: Pasados esos cinco años fue usted a Nueva York porque su sueño era Disney.

GM: Me fui a Nueva York porque mi ilusión era la animación, ese era mi sueño desde los 19 años. Incluso antes de los cartoons mi primer impulso fue animar. Cuando no tenía seis años, en Buenos Aires, en el año 1938, mi madre me lleva al cine y veo Blancanieves y los 7 enanitos. Aquello, con seis años,  me abrió un mundo de movimiento, de color, me marcó muchísimo. Pero después salgo del color, me alejé mucho de la escuela Disney. Porque lo mío es más Búster Keaton que Disney, porque lo mío es mudo, es ese personaje que no tiene ni siquiera boca, que no habla... a veces grita pero generalmente no habla, es impávido... Yo mezclé el mundo feérico de Disney con el mundo humorístico de Búster Keaton. Nombro a Keaton porque para mí fue más fuerte que Charles Chaplin.

MB: Además, se sintió algo defraudado, en su etapa estadounidense, porque solamente trabajó como dibujante de fondos, no de personajes ¿no?

GM: Este..., en Paramount Pictures hacíamos los cortos de Popeye. Yo no hacía dibujos, solamente pasaba a tinta, un trabajo completamente secundario. Además, no me interesaba mucho hacer el dibujo de animación que hacían en aquella época en la que estuve, del año 1960 a 1961. Yo hacía en esta época lo que se llama “animación limitada”, no era la animación completa del tipo clásico Disney, era limitada con el personaje, de cuerpo fijo, brazo postizo, la boca postiza que se mueve... o sea, la animación “muerta”. Se procedía así por economía; la prueba está en que los estudios Paramount se cierran en el año 1965, o en el 64... Yo la agarré al final, y no me gustó mucho ese tipo de animación y me fui. Me fue para hacer lo que aquí llaman greeting cards, tarjetas de felicitación.

 

Historieta de Mordillo, "Fosforito", de las dibujadas en ArgentinaMB: Ajá, eso ocurrió el 26 de agosto de 1963, que se vino a España.

GM: No vine, no: pasé por España. Pasé por Madrid en plena dictadura de Franco. Se veían curas y militares por todos lados; no me gustó mucho el ambiente y seguí viaje. Pasé por el sur de Francia, con amigos y con un coche, y llegué hasta Versalles. En Versalles me despedí de mis amigos, cogí mis valijas y tomé un tren que tardó una hora o tres cuartos de hora en dejarme en París, el 9 de septiembre de 1963. Llovía y no conocía a nadie. No hablaba francés. Con dos valijas y 150 dólares en el bolsillo... Eh... eso era un viernes. Sin conocer a nadie, dediqué el sábado y el domingo a caminar por las calles de parís. Me ubiqué en una buhardilla de un sexto piso, sin ascensor, sin baño, sin armario... pero yo estaba feliz porque estaba en París. El lunes a la mañana me fui a buscar trabajo. El mediodía ya lo tenía.

MB: En Francia hizo sobre todo tarjetas, pero pronto chistes mudos. He leído que eran mudos porque usted no dominaba el francés.

GM: Sí, por esa época no hablaba francés, y es exactamente la razón por la cual eran mudos mis chistes. Me quedé sin trabajo en el año 1966. Yo estaba haciendo claquetas en París, sin el estilo Mordillo (en París no había todavía desarrollado mi estilo) y me quedé sin trabajo porque pedí una aumentación [subida de sueldo] que no me podían dar y, yo, cabezadura, dije: «pues me voy». Y no tenía otra cosa. Cuando me quedé sin trabajo, un colega que publicaba dibujo humorístico me dijo: «¿Por qué no haces tú también dibujos para la prensa?» Y yo le dije: «Nunca los hice. Y lo voy a intentar». Lo intenté sin palabras porque estaba en París y no podía hacer chistes en un idioma que no podía dominar. Ese es el origen, es un concurso de circunstancias: me quedo sin trabajo, en un lugar que no sé el idioma, me veo forzado a hacer algo para ganarme la vida porque no tenía reservas, y me salió bien. Si me hubiera salido mal, no estaríamos haciendo esta entrevista ahora.

MB: Y tanto que le salió bien. Trabajo en algunas de las más prestigiosas cabeceras galas, donde se hicieron populares sus personajes blancos. ¿Es cierto que usa así el color para destacar a sus protagonistas?

GM: Eso surgió tras las primeras tentativas... Mis personajes siempre están lejos de la cámara, nunca hay un primer plano, siempre están lejos, bastante lejos de la cámara. Entonces son pequeñitos y están en decorados de un color total. Lo único blanco en toda la superficie de mis obras es la piel del personaje. Si el personaje está vestido, la cabeza es blanca, las manos son blancas, y, ¿por qué? Porque yo al principio le puse color, rosado por la piel, pero se perdía el personaje, no se veía. Si lo dejaba blanco, destacaba. Luego me di cuenta de que lo que estaba utilizando ahí era el principio de la bola de golf. La boda de golf es así: está a trescientos metros y porque es blanca se ve. Si la bola de golf tuviera un color azul, verde, gris, no la verías, pero como recibe toda la luz, se ve. De eso me di cuenta después de un tiempo, lo aprendí con la experiencia. O sea, el protagonista nunca es el decorado. El decorado crea un ambiente. Yo no pongo el color gratuitamente. El color está jugando un papel, un rol, en mis dibujos siempre. Si es una escena de pareja, le pongo ambiente romántico, si me gusta mucho haces chistes en ambiente antiguo, por ejemplo el Medioevo, le pongo ocres, grises. O sea que el color está jugando un papel. Además, mis cartoons, mis dibujos humorísticos yo los pinto en color.

[el humorista Faro interviene y le pregunta sobre cómo aplica el color]

GM: Yo trabajo sobre una base de tinta de color. Termino mucho con pastel y lápiz de color. Para todo lo que es sombra y luz, pastel. El detalle de volumen, con lápiz de color. La base es tinta de color. Pero yo utilizo una cosa no muy conocida en el ambiente, que es una goma líquida. Como yo hago color total, lo que quiero que quede blanco lo cubro con una goma líquida. Trabajo tranquilamente el color y, cuando se seca, saco la goma líquida y surge el blanco.

JAP: ¿Y por qué prefiere los planos generales en sus dibujos a los primeros planos?

GM: Bueno, eso es muy personal... Este.. Yo soy un admirador del cine mudo, de los años veinte y treinta, incluso antes de Buster Keaton y Charles Chaplin. Me parece que ese es el verdadero cine, el cine de imagen, donde los protagonistas los vemos con una distancia. No conocemos mucho de la identidad del personaje porque no lo vemos de cerca. Entonces no lo hice intencionadamente, pero yo creo que la gente se identifica más con un personaje que está lejos que con uno que esté cerca. Además, mis personajes no tienen nombre, no se llaman Asterix, Miki Mouse, ni Pato Donald, o sea que otra razón de más para que la gente se sienta un poco identificada con el personaje, y como es blanco puro, sin raza, puede tener cualquier identidad.

MB: En cuanto a identidad, su obra no se puede calificar de argentina, ¿quizá por haber vivido en seis países diferentes?

GM: Yo, cuando empecé a publicar en Europa, un dibujante amigo se enteró de que yo era argentino. Me escribió y nos alegramos mucho. Decía: «Creíamos que eras italiano, o cubano, o francés». Soy del mundo. Todos mis traslados, desde Argentina a Perú, de Perú a EE UU, de EE UU a Francia, de Francia a España, todos fueron decisiones propias, mías. La del traslado a Mónaco ya no es una decisión personal, es una decisión de mis colaboradores, porque mi situación fiscal es muy complicada, porque publico en el mundo entero, y entonces la declaración fiscal mía era muy compleja. Además, hubo otra razón. Yo no estoy muy contento de no pagar impuestos; Mónaco es un lugar muuy lindo, tranquilo, seguro, en la costa Mediterránea... es un barrio. Pero yo pensé un poco cuando viví en EE UU, que entonces todavía estaba la Guerra de Vietnam y el conflicto con Cuba, en el 62, en Nueva York, en aquella tensión, y después me fui a Francia. Durante todos esos años, una buena parte de los impuestos que yo pagué en esos países iba al armamento. Yo estaba colaborando con el armamento en EE UU y en Francia. Ese fue un detalle que me convenció para irme a Mónaco, y desde Mónaco esto me permite hacer donaciones a lo que yo quiero hacer. Yo quiero ayudar a muchos pero no, y sobre todo no, al armamento. [Mónaco] Me permite controlar mejor el uso de mi dinero. Esto lo digo así, por no contribuir con mis impuestos a la guerra en diferentes países.

 

Entrevista practicada por Manuel Barrero y Jorge Alberto Piñero, "JAPE", a las 10:20 horas del día 16 de octubre de 2002 en el Rectorado de la Universidad de Alcalá

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[ Mordillo y su esposa junto al humorista brasileño Lailson de Holanda, en la inauguración de la exposición Pindorama, en Alcalá de Henares, de este último. Fotografía © 2002 M. Barrero

Mordillo y su esposa en la exposición de Lailson. Fotografía © 2002 M. Barrero

Autor de reconocido estilo, imitado por mil, cuidadoso hasta el extremo, agrimensor de la viñeta, Mordillo es un veterano mimador de la memoria y un humorista feliz que celebra el azar gozoso de su vida. Fue entrevistado pocas horas antes de ser investido catedrático honorífico en Alcalá de Henares. 

 

MB: Háblenos de su animación, de la serie de dibujos animados hecha en Alemania.

GM: Fue una experiencia muy buena, porque como mi primer amor, lo dije antes, fue el dibujo animado. Desde los años cuarenta lo hice, pero no en gran forma, porque el estudio que tuve en Argentina fue pequeño y la experiencia con Paramount fue de sólo un año y allí como animador... y siempre hice mis dibujos como si fuesen historias de dibujos animados. Lo mío son story-boards. De cualquiera de mis dibujos se puede hacer una película. De cualquiera. Eso lo vieron varios estudios de animación en Europa; me propusieron cosas y yo no estaba convencido, y hasta vino este señor, que ya padeció, lamentablemente, Miki Muster, que tenía un estudio de dibujos animados alemán y que entendió lo mío, lo entendió. No sé si vieron las películas, son mis chistes animados, en dibujo animado. Duran diez segundos, quince segundos... hasta un total de 300 minutos de animación que se hicieron. Por supuesto, yo pedí nada de diálogo, solamente efectos sonoros y música. Son películas mudas con efectos sonoros, del personaje se oyen los pasos y la música de fondo a veces. Queda como cine mudo, cine mudo en dibujo animado; queda muy bien, se hicieron 160 spots [Muster ha declarado 400], de diez segundos, quince, el más largo tiene un minuto. Se hicieron en los años setenta, al final de los años setenta, y están vistos en las televisiones del mundo entero.

MB: Usted tiene una legión de seguidores y también de imitadores. Entre ellos podría contarse a Gelmi, Nik, Matt... ¿Qué opina de sus obras?

GM: Esto lo considero en la mayoría de los casos como un homenaje. En cierta forma te copian... y quizá el que más me copia es Matt. Me imita en la forma del color, pero yo lo considero como un homenaje, no me enfado.

MB: Usted lleva 33 años felizmente casado... ¿el amor ayuda al humor?

GM: Mucho. Yo sería más partidario de hablar de ternura. Porque el amor de la pareja es una cosa muy particular. Yo tengo ternura por muchas cosas, por lugares, por ciudades, por amigos, por objetos, por animales. Mi definición del humor (no sé si la conocen, pues la he repetido y está en mis libros) es: «el humor es la ternura del miedo». La ternura es más fuerte que el amor, porque se comparte y el amor a veces no. Además, la ternura también se dirige a los animales, lo cual es muy importante, yo tengo mucho respeto y admiración por los animales.

MB: Esa definición de humor la leí en una entrevista que le practicó en 1988 Carlos Ulanovski, a quien le comentó también que usted enumera sus ideas en cuadernos...

GM: Las escribo allí primero. Es una especie de telegrama para mí, porque si no las olvido. Las numero. Yo tengo, tuve, dos formas de trabajar. Los primeros quince años, primeramente escribía y después abocetaba. Ahora, primero aboceto, o sea, hay un boceto así, como una estampilla, pequeñito, y cuando tengo la idea más o menos desarrollada, ya escribo. Como tengo todas mis ideas escritas, quedan registradas. Y numero. Numero y fecho. He escrito más de cuatro mil ideas, y realizado menos de mil quinientas.

MB: Le quedan...

GM: No, no. No es que me queden. No es eso. Yo las escribo y si me dejara llevar por el entusiasmo en ese momento las dibujaría. En cambio, las dejo reposar y vuelvo mucho más tarde. Así es como si las hubiera escrito otra persona. Si haces algo hoy y no lo miras durante mucho tiempo, meses, vuelves a leerlo y no sólo no lo reconoces: lo puedes juzgar. Es lo que hago, escribo y trabajo con ideas de épocas antiguas.

MB: En mi opinión su obra, en conjunto, es un canto a la soledad del hombre ¿estoy en lo cierto?

GM: Estás muy en lo cierto. Sí, hago la actualidad, pero la actualidad ancestral, no la actualidad del día a día, de lo que está pasando en EE UU o en Irak, o en Próximo Oriente. Yo hago la actualidad desde que el hombre existe. Y desde los comienzos de la existencia el hombre ha tenido siempre que ver con la soledad, incluso cuando estás en medio de una muchedumbre cada uno está solo.

MB: ¿Y cree usted que el único escape a esa situación es la imaginación?

GM: Einstein dijo que la imaginación era más fuerte que el conocimiento. Lo dijo Einstein. Si dejas de imaginar se para el mundo. Si dejas de imaginar, y de crear, se para el progreso. Ahora, si decimos que el progreso no sirve para nada, dejamos de crear, dejamos de pensar. Y dejamos sobre todo de imaginar. Si lo hacemos, la humanidad se para. Es muy importante. Si queremos que la humanidad se pare porque estamos yendo hacia el desastre, dejamos de imaginar. De eso que mi admiración por los animales es inmensa, Todos los animales se conducen por el instinto y se equivocan muy poco; hay muy poco margen de error si tú trabajas por instinto. Te puedes equivocar si utilizas la inteligencia, llegas a hacer guerras. Por eso cuando yo trabajo, trato de trabajar imitando a los animales. Concretamente, cuando yo escribo me dejo llevar por el instinto, la idea que me viene la sigo por instinto casi, y dibujo por instinto. Entonces, el margen de error baja. Y mi concepción es muy lenta, desde el boceto al dibujo terminado a veces pasan días, semanas, meses, años...

MB: Además, usted necesita un ambiente especial para dibujar.

GM: Soledad total. Volvemos a la palabra soledad. No sé quién dijo... «Nada puede ser creado sin la soledad»... Lo dijo Picasso. Y supongo que él también trabajaba así. Yo conozco dibujantes que trabajan con otra gente. Y a mí me gustaría trabajar en un estudio grande, con otros. Me gustaría mucho; y pasar de mesa en mesa mirando el progreso de los otros. Pero al mismo tiempo, para crear lo que yo hago, para dar forma a mis ideas, necesito soledad. Soledad y silencio. Porque yo la música sólo la pongo cuando las cosas están solutas, eh... resueltas. Entonces la música me acompaña. Yo tendría que poner en mis libros: «Con la colaboración de Bach, Vivaldi, Mozart...» Cuando yo paso a tinta, que es la parte más difícil, que ahí no te puedes equivocar, pongo esa música, principalmente barroca, y ellos me acompañan. Gracias a esa música yo me concentro. No sería una exageración, sería justo que pusiera eso en mis libros.

MB:¿Qué le parece el esfuerzo de la Fundación General y la acogida que se le ha dispensado en Alcalá de Henares?

GM: Una de las cosas que más me interesa de este viaje, de esta oportunidad, es la perspectiva de crear un museo [el Museo del Humor Gráfico de Alcalá]. El museo es fundamental y podemos dar un gran paso adelante en “dotar de carta de nobleza” (pues no la necesita) a esta profesión de autor de humor gráfico. Se puede ir muy lejos con u museo, pues no solamente sería uno de los raros museos que hay. Hoy hay pocos en el mundo, como por ejemplo el de Schulz en Santa Bárbara, pero se acaba de cerrar uno que estaba en Georgia, y el de Boca Raton en Florida. Yo éste lo vi construir y lo visité, y tenía joyas: los primeros Mickey Mouse, los primeros dibujos de Iwerks que hizo para la primera película. Después, hay un museo de dibujo humorístico en una ciudad italiana, Tolentino, que muy poca gente visita. Hay otro en Bélgica, y en Suiza, en la ciudad de Vasel... En total hay muy pocos. Y aquí, en Alcalá, se podría hacer una cosa muy buena, porque se podría hacer bastante oficial y podría ser un lugar de exposiciones, encuentros, conferencias, difusión y, si las cosas se hacen bien, se puede ir muy lejos. Es la idea que más me interesa este año aquí en Alcalá; ya ayer visitamos el lugar y se podrá hacer algo magnífico. Con una calle peatonal que pasa delante del museo, como soy anticoches... y me gustó que en ambas puntas de la calle hay nidos de cigüeñas. Es un lujo, no se puede pedir mejor.

Mordillo, con otros humoristas argentinos: Ermengol, Nando, Matt, Favelis, Quino, y con Gala y Mingote. Fotografía © 2002 M. BarreroJAP: Usted se fue muy joven de Argentina, pero ¿ha mantenido lazos profesionales con los grandes argentinos?

GM: No solamente profesionales. Yo voy cada año a la Argentina y me encuentro en lo posible con los colegas. Sobre todo con uno, que es el que más edad tiene, que lo nombramos antes, Osvaldo Ferro. Tiene 85 años. Dante Quinterno tiene 93, y vive, pero a él no lo veo, veo a Ferro, a Garaicoechea, a Caloi, a Fontanarrosa. Ellos son, como dije yo, y así se publicó: “Hermanos de tinta china”. A ellos los voy a ver regularmente todo lo que puedo. Eso por el lado profesional, luego están los amigos de la infancia, irreemplazables, y la familia. Tengo una hermana allá, con cuatro hijos, sobrinos, nietos. Argentina es una patria de infancia, recuerdos, que yo viví desde mi nacimiento hasta los 23 años. Yo no me fui de Buenos Aires, yo me fui de mi barrio...

MB: Incluso ha seguido guardando fidelidad al equipo de fútbol verdolaga, Ferro Carril Oeste.

GM: Era simpatizante. Ahora soy hincha.

JAP: ¿Considera que en su obra de toda la vida conserva parte de lo que dejó en aquel barrio de pequeño?

GM: Creo que sí, lo llevo a cuestas. Cuando yo tenía 17 años y hacía dibujos con más ingenuidad, con mucho romanticismo, una chica me dijo: «Qué lástima que cuando crezcas te vas a perder esta espontaneidad y este romanticismo que tienen tus dibujos. Y para mí fue un desafío. Trato de seguir dibujando, a los 70 años, con esa ingenuidad que yo tenía a los 16.


Fuente:
[ Entrevista: M. Barrero y J.A. Piñero, para Tebeosfera 021127 ]

 

 

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"BOLETIN REIR" :
de la Red de Estudios Interdisciplinarios sobre la Risa

por: Carlos Alberto Villegas Uribe, Laura Catalina Rincón, David Trujillo
Integrantes del NODO GERMINAL RESILIENCIA Y RISA
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE PSICOLOGÍA BOGOTÁ, COLOMBIA

2do Boletín REIR:  VOLVEMOS A REIR
FELIZ NAVIDAD LES DESEA... LA RED DE ESTUDIOS INTERDISCIPLINARIOS SOBRE LA RISA -REIR-

 

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CALARCA - El Cacique de la Caricatografía Colombiana:
Por Carlos A. Villegas Uribe


CALARCÁ:
EL CACIQUE COLOMBIANO DE LA FISONOMÍA CARICATOGRÁFICA

Un boceto nervioso, realizado a punta de palabras, me permitió afirmar hace años que CALARCÁ es una fuente de humor donde otros han bebido, para señalar su condición de maestro en el doble sentido de la palabra: aquel que posee la maestría en su oficio (suma de tiempos, experiencias y vivencias) y del ser humano que no se guarda para sí los secretos de un arte que debe perdurar en el corazón de las nuevas generaciones. Hoy, imitando el género que presento, quiero trazar con la palabra un rápido perfil que dé cuenta de los rasgos característicos que convierten a CALARCÁ en uno los más importantes cultores de la  

fisonomía caricatográfica en Colombia, de su dimensión como caricatógrafo y la trayectoria vital que define su proceso creativo.

De los cafetales al ejercicio de la gráfica política.
Calarcá ejerce su condición de artista como una consecuencia ideológica. Nacido en Armenia en 1934, hijo de campesinos trashumantes, se concibe como un integrante más de la clase trabajadora...”Eso es fundamental -dice- saber a qué clase se pertenece, de qué lado se está” (Fernández, 2000:15).


Ayuda Humanitaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gabillo   

Asume su seudónimo como un homenaje al aguerrido cacique Pijao que combatió la ocupación española. Es un convencido del compromiso social de la caricatura, y su obra, más allá de reclamar, demanda a grito de lápiz, un espacio digno y justo para el ser humano, sin preocuparle, por ello, que su trabajo en caricatografía política adquiera a veces el tono de pancarta. Cuando lo afirma su copete rebelde parece convertirse en un penacho de plumas y su nariz aguileña refrenda su condición de indígena anticolonialista, por cuyas venas también corre sangre hindú. De su infancia de viajes permanentes, cogiendo café o desbrozando cañaduzales, recuerda el primer retrato que hizo en el actual municipio de Buenos Aires (Valle). Se trataba de “Titiribí” un colonizador ermitaño, hosco, que llegaba al entonces corregimiento, vestido con pieles de cuzumbo y con una escopeta de fisto al hombro. Lo impresionó ese hombre fuerte que infundía respeto, parco para hablar que llegaba a la carnicería y salía con una cabeza de toro a la espalda, para perderse de nuevo por otro mes entre los breñales de la selva misteriosa. Lo consignó con tiza en una de las antiguas pizarras que se utilizaban en las escuelas. Rememora las historias del Mohán, la Patasola, la Madremonte, el Pollo maligno, el Hombre caimán, el Hojarasquín del monte, contadas al calor del fogón campesino, que aún pueblan su imaginación y le han impuesto el ejercicio creativo de contarlas al óleo en una serie de cuadros que exaltarán la presencia de la mujer en la demosofía colombiana. Hijo de una familia liberal, de corte radical inspirada en la doctrina de Uribe-Uribe, donde se escuchaba las arengas de Gaitán y se leía en familia las obras literarias de Víctor Hugo y el verbo incendiario de Vargas Vila, Calarcá recuerda que empezó a interesarse en la política, a través de los folletines que vendían semanalmente en los pueblos cafeteros.
 Los Carbonarios era uno de los títulos de aquellos folletines que recuerda vivamente, donde además de la trama pasional se entreveraba en la narración la historia de la revolución francesa, una historia que lo marcó en su opción política y artística.

Una tía severa -de aquellas que creían en el lema que inspiró la educación colombiana hasta mediados del siglo XX: “la letra con sangre entra”-, lo liberó de la trashumancia de sus padres y se le llevó a Palmira y luego a Cali, donde realizó sus estudios primarios y secundarios, en el colegio Olaya Herrera.

Para canalizar su permanente inquietud por el dibujo y la pintura toma clases en 1948, en el Taller del Maestro Hernando González. En su memoria tiene vivo el recuerdo de este pintor que trabajaba en el Barrio San Nicolás, en Cali,”cómo se hacía antes, a la luz del día, tenía su taller a la vista de todos, uno pasaba y lo veía pintar, como veía al zapatero o al sastre.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Garzón Calle

Yo pasaba y me quedaba mirándolo trabajar”. Con él aprende los rudimentos artísticos del dibujo, figura humana y la técnica de la acuarela. En 1944 conoce en Cali,  a través de la revista Semana, las fisonomías de uno de sus más admirados caricatógrafos: Jorge Franklin. Le sorprende de él, el camino que a principios de siglo XX le ofrece a la fisonomía caricatográfica colombiana; una propuesta nutrida por la corriente vanguardista de la época, de corte cubista con un limpio manejo del color y su consecuente compromiso con las ideas de izquierda que casi le cuesta la vida en la España Franquista por su apoyo a los republicanos. El Maestro Calarcá reconoce en este caricatógrafo, que también ofició la caricatografía política, una orientación estética que trata de infundirle a sus estudiantes: la realización de una fisonomía que supere la sencillez de la síntesis, la facilidad de la exageración y se enfrente con las exigencias del diseño para la caracterización del personaje asumido.
 
Cambio de rumbos
Cali, la eterna ciudad de rumbas y soles, se vuelve pequeña para sus deseos y aspiraciones y decide viajar a Bogotá en 1957, año de la caída del Dictador Gustavo Rojas Pinilla. En la capital de la república se vincula con un grupo de artistas conformado por el pintor Fernando Oramas, el escultor Alfredo Castañeda y el pintor Gustavo Balcarcel. Con ellos comparte sus inquietudes, aprende los secretos del oficio artístico, desarrolla la serigrafía e inicia, en las horas de tertulia, un acercamiento político a las teorías políticas de Engels, Marx y Lenin.. Decide poner su talento al servicio de la clase proletaria. Su historia personal y su habilidad artística lo ponen en contacto con boletines y periódicos campesinos y estudiantiles. Inicia su proceso de formación política que lo alindera definitivamente con la izquierda colombiana -de la cual se hace militante-, y lo lleva a ejercer de lleno la caricatografía política como oficio vital.

Calarcá, la caricatografía política como ejercicio de clase
En Colombia, el más familiar de los géneros caricatográficos es la caricatografía política o social. Por su condición de opinión pública que participa de la vida política y social como crítica del poder o desenmascaramiento de la farsa social, acompaña las notas editoriales de los diarios y en muchas ocasiones participa de la línea ideológica del medio impreso.

 A pesar de que en los primeros años ejerce su talento de retratista y su capacidad técnica para el manejo de la serigrafía, el ingreso de Calarcá, en 1962, al semanario Voz de la democracia –actualmente Voz- lo acerca a un escenario para el ejercicio de este arte comprometido. En el semanario sus primeras tareas constituyen un apoyo específico a la labor proselitista del periódico. El reconocimiento a su trabajo le posibilita el acceso a una beca del Instituto de Ciencias Políticas y de la Comunicación de Moscú donde cualifica su vocación artística. Se especializa en Comunicación Gráfica y recibe una formación integral que le permite entender a cabalidad los principios de la caricatura, su historia, y los recursos técnicos y psicológicos para encarar con suficiencia el ejercicio de la caricatografía política. Kokodril, la revista de humor de mayor circulación de la desaparecida URRS, lo invita a sus páginas para destacar la calidad de su obra.

 Calarcá considera que el ejercicio profesional de la caricatografía política, realmente lo inicia después de su regreso del Instituto de Ciencias Políticas, durante el periodo presidencial de Carlos Lleras Restrepo. Calarcá reemplaza en Voz a Manuel Parra, quien firmaba con el seudónimo de Espartaco. Desde entonces la iconografía de Calarcá recurre a la figura del prepotente Tío Sam para enjuiciar la realidad de Colombia y de América Latina; del estereotipado burgués para denunciar la inequidad del sistema y a las figuras de los militares para señalar sus encubrimientos. Desde ese entonces su voz –su grafismo- ha denunciado la paradoja de un país que se deshace en manos de los corruptos, que desaparece en las fisuras de la democracia, que muere masacrado y amordazado por los violentos de todas las extremas. Algo le queda claro de su trabajo, la diferencia entre su ejercicio y los receptores de sus mensajes, frente al de otros colegas. Mientras los lectores de Pepón, Osuna o Vladdo, pueden disfrutar de sus periódicos, los lectores de VOZ, que no son muchos, saben que su sola posesión los convierte en objetivo militar de los grupos de extrema derecha.

Sobre la tesitura de la caricatografía política que el maestro Calarcá desarrolla en Voz, afirma Germán Fernández (2000): “De esta manera se consolida la caricatura de Calarcá: Radical, irrestricta, militante. Trazada más con el puño que con la mano; más con la convicción política que con la intención de servir a un requerimiento editorial previo. Como el mismo lo subraya se trata de una crítica frontal, no tanto al gobernante de turno, o al corrupto del día, sino a la clase dirigente en su conjunto (...) Los años posteriores nos permiten seguir el rastro de ese trazo vigoroso en las páginas de VOZ. Allí aparecen como testimonio de la confrontación social que ha signado la historia del país, esas fisonomías
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Cantinflas

contundentes en que las expresiones duras y rotundas no hacen sino reflejar una pugnacidad que parece no tener límites. Pero la lealtad no es sólo con la causa política, también lo es con la excelencia estética. Como resultado, y aunque la “gran prensa” lo haya visto de soslayo, quedan en incontables viñetas – acumuladas ya por cuatro décadas- un legado de artes e ingenio al servicio de su ideal social todavía no superado”. (Págs. 19-20).

Con el apoyo del semanario Voz organiza en Bogotá cuatro versiones del Festival Latinoamericano de Humor Gráfico (1987-1990) e instaura el Premio Ricardo Rendón que será entregrado a los nuevos valores de la caricatografía colombiana. Entre ellos Jairo Peláez y Elena María Ospina. En esos momentos la caricatografía colombiana atraviesa por una especial coyuntura denominada: hito de los asociados.. Los caricatógrafos colombianos han dejado de ejercer en solitario su oficio y en tres ciudades del país, sin conocerse, inician un proceso paralelo que transforma la relación entre los creadores y el público: trabajo en grupo, exposiciones, publicaciones colectivas, revistas formativas. En Cali, aparece la Revista Click, en Medellín la Revista Frivolidad y en Bogotá, el Taller de Humor, liderado por Bernardo Rincón y Jorge Grosso. Una disidencia promovida por Germán Fernández y Jarape, frente a las políticas impositivas de los líderes del Taller de Humor, originará la Asociación Colombiana de Caricaturistas: El Cartel del Humor. Calarcá se integra a este colectivo compuesto por los caricatógrafos Jairo Peláez, Jarape; Germán Fernández; Jairo Linares; Vladimir Florez, Vladdo; Elena María Ospina; José Roberto Agudelo Zuluaga, Azeta; Rubén Darío Bustos, Rubens; Nelson Garibello; Marco Pinto; Luis Eduardo León; los hermanos Diego y Sergio Toro, Guillermo Cubillos; Guille, Andrés González, Gova;  Edgar Humberto Alvarez, Plastilínico; los periodistas Álvaro Montoya, Alfín; Jorge Consuegra, y los gestores culturales Mario García y Carlos A. Villegas, Petete. Con ellos consolidará la fase más significativa en su producción artística y personal su incursión en la fisonomía caricatográfica.

La prolongación revolucionaria de una tradición.
Calarcá, el retratista que ha inmortalizado en una obra volátil -afiches y pancartas- los rostros de los líderes políticos de la izquierda colombiana, promoverá el encuentro de las nuevas generaciones de caricatógrafos con la fisonomía caricatográfica: el arte de acentuar los movimientos que la naturaleza dibujó en el rostro de los seres humanos para desnudar su carácter, como lo podría afirmar Bergsón (1973). Otra visión distinta a la aprendida en la lectura de Velásquez, de quien admira la fuerza y el dramatismo de su personajes; de Ingres, de quien aprendiera, desde una percepción diferente, la suavidad de las formas, o de sus admirados Epifanio Garay o Francisco Javier Cano, considerados por él, como los más grandes maestros del retrato en Colombia.

Esta incursión lo llevará a hacer énfasis en la exageración (capacidad de distorsionar un rostro sin afectar la singularidad del personaje), la síntesis (la máxima información con el menor número de elementos)  la caracterización (capacidad para traducir en trazos la personalidad de un sujeto) y el diseño (capacidad para componer formal y estéticamente diversos elementos) como notas características de un género que tiene como propósito auscultar el alma del hombre. Un arte cuya tradición se atribuye a Leonardo Da Vinci y tiene en Colombia una trayectoria expresada en los nombres Jorge Franklin, Ricardo Rendón, Moreno Clavijo, Silvio Bedoya, Jairo Linares, Ismael Roldán, Fabio Botero, Silvio Vela y su discípulo Omar Figueroa Turcios, quien bajo la égida del Maestro Calarcá transformó el género en Colombia y sigue conquistando premios y reconocimientos en Europa.

En Colombia revive la fisonomía caricatográfica.
En esa tradición caricatográfica se inscribe con renovada fuerza la obra y la contribución del maestro Arlés Herrera, Calarcá, tanto por su aporte conceptual y técnico como por su condición de promotor de la fisonomía caricatográfica. Su vinculación con el Cartel del Humor, como ya se mencionó, y con la Escuela Nacional de Caricatura lo marcarán positivamente. “Es una coyuntura como esta la que permite desarrollar en el país la denominada “caricatura en vivo”. Contando con una experiencia previa del Taller y alentado por las impresiones de lo que el propio Arlés Herrera había  visto en los bulevares europeos (en la calle Rabat de Moscú, por ejemplo) donde los transeúntes se detienen a ser caricaturizados por artistas ocasionales, se lanza a la iniciativa de dibujar a los visitantes de la Feria Internacional de Bogotá. Calarcá recuerda la caricatura realizada para el evento. Fue en 1987, precisamente en el marco de la primera versión de la Feria. La “víctima” fue Mario García, quien posó con el aire digno de un promotor del arte, pues precisamente se encontraba en la brega de fundar La Escuela Nacional de Caricatura. La “caricatura en vivo” ha logrado desde entonces un mayor auge en el país y el número de sus exponentes ha ido en aumento. El público, por su parte, se ha hecho cada vez más selectivo, imponiendo así un mayor compromiso de los dibujantes con su trabajo.” (Fernández, 2000:21-22).

La exitosa recepción de la propuesta de Calarcá, por parte del público, logra que el espacio de la Feria del Libro crezca paulatinamente y deje de ser una mesa donde realizan fisonomía caricatográfica sólo los caricatógrafos bogotanos, para convertirse en un pabellón donde los visitantes encuentran caricatógrafos de todo el País. Con Calarcá se recupera el trabajo de los caricatógrafos de finales del siglo XIX y se masifica un género que le permite a los colombianos de finales del siglo XX mirarse en el espejo cómico y aprender a reírse de sí mismos. La fisonomía caricatográfica deja de ser un motivo de burla por parte del oficiante, para convertirse en motivo de gozo para la persona caricatografiada.

La fisonomía, una re-evolución personal.
La obra del Maestro Calarcá, dueña de un pulcro manejo técnico, se caracteriza por una búsqueda constante de nuevas formas de diseñar el rostro humano y por una evolución permanente en la expresión gráfica. De la Fisonomía Caricatográfica presentadas en el catálogo Veintitrés Ilustradores Colombianos, en 1991, a las incluidas en el catálogo Rastreando Rostros de la exposición en la Feria Internacional del Libro del 2002 -que viajó a la Universidad de Alcalá de Henares, España, en el mismo año-, se observa una evolución que varía del manejo formal de la figura caricatográfica a un grafismo que encuentra en la composición y en el diseño la fortaleza de su propuesta. Basta comparar las versiones que realizó de nuestro Nóbel de Literatura para confirmar esta aseveración. Un rectángulo negro como liet motiv visual, modula el diseño de los personajes de la serie Rastreando Rostros, que encuentra en los trazos geométricos y en el uso de objetos y elementos propios del personaje, el discurso unificador para expresar el carácter y las circunstancias de los personajes caricatografiados: Frida Khalo, Skármeta, Dalí, Orson Welles, Günter Grass, Nicolas Guillén, entre otros.

Entre estas dos expresiones evolutivas es posible encontrar una propuesta intermedia. Se trata de la la exposición que la Gerencia de Cultura del Quindío, bajo la dirección de Gladis Molina, organizara en 1999 como un reconocimiento al aporte de Calarcá al desarrollo cultural de su tierra natal. En esa exposición el Maestro Calarcá presenta su personal interpretación de una serie de personajes populares-trabajados en papel acuarela y en formato de pliego. Los Tolimenses, el flaco Agudelo, Amparo Grisales, Luciano Pavarotti, la gorda Fabiola, entre ellos.


Al innovar el formato –Generalmente los caricatografos trabajan en pequeño formato-, y preocuparse por la calidad de los materiales trabajados, reta a las nuevas generaciones a encarar con una visión estética y plástica el ejercicio caricatográfico. En esta serie aprovecha su maestría de colorista y utiliza la luminosidad de la acuarela para crear atmósferas que comentan las particularidades de las personalidades abordadas. En la caricatografía de David Manzur, por ejemplo, donde ya aparece el rectángulo negro que lo identificará en Rastreando Rostros, recurre a la proxemia (definición del significado de un objeto con relación a su entorno) 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caiman

para reafirmar el carácter particular del personaje caricatografiado; de tal forma que dibuja al artista montando a la usanza femenina.,  y crea una atmósfera particular utilizando la iconografía que caracteriza los temas y el presentacion de la revista CARBONCITO 8 en el CENTRO CULTURAL ESPAÑOL

El aporte realizado a las nuevas generaciones de caricatógrafos, a través de 16 años de docencia en la Escuela Nacional de Caricatura, en Bogotá; así como su apoyo pedagógico a Taller Dos, en el municipio de Calarcá y los innumerables talleres realizados, por invitación especial, en distintas regiones colombianas consolidan su condición paradigmática en la fisonomía caricatográfica colombiana.

Detrás del hombre que escudriña el rostro humano para conferirle a la línea la tarea de exagerar la realidad y ofrecerle al lector, en un guiño cómplice, verdades más profundas que la simple apariencia, se evidencia la habilidad de un maestro del retrato artístico, como lo atestiguan sus trabajos sobre María Cano o los 50 dibujos a plumilla que le contratara la Orquesta Filarmónica de Bogotá para homenajear a los músicos colombianos.

La desaparición simbólica en un país desplazado
En Colombia, donde el atropello a los derechos humanos es una constante de las fuerzas en conflicto, donde la desaparición forzosa y el secuestro han sido elevados a la categoría de instrumentos de la lucha política, se puede afirmar que existe también la desaparición simbólica como parte de una estrategia implícita y antidemocrática para acallar las voces de oposición a una política global que realmente ampara intereses de mercado. Y como les sucede a muchos de los artistas vinculados con la izquierda colombiana -basta recordar al innombrado Fernando Oramas-, Calarcá es uno más de los desaparecidos simbólicos de este país. A diferencia de caricatógrafos como Pepón –quien incluso llegó a desempeñar funciones diplomáticas-, Osuna y Vladdo, que gozan del reconocimiento de los medios de comunicación de la denominada industria cultural y tienen algún posicionamiento entre el imaginario nacional, el trabajo de Calarcá se sostiene y circula nacional e internacionalmente gracias a circuitos alternos que validan su producción y aporte a la construcción de una nación más democrática e igualitaria.

No obstante esta intención subterránea, la labor en caricatografía política y fisonomía caricatográfica de Calarcá, empieza a tener un reconocimiento que progresivamente lo saca del ostracismo al que ha sido condenado en su propia nación. El Festival de la Historieta de México le tributó un homenaje como invitado de honor, La X Bienal de Humor Gráfico de Cuba, lo galardonó por la fisonomía en bronce del poeta Nicolás Guillén. Así mismo, la Gobernación del Quindío, le otorgó el Retablo Quimbaya en la modalidad Maestro de Maestros, en el marco de La cafeteRÍA, Encuentro Nacional de Caricatura, realizado en Armenia, en agosto de 2000 e incluyó su nombre en la antología caricatográfica

 A punta de lápiz, El Quindío en la caricatura colombiana. En el 2003 fue invitado especial, en compañía de Vladdo y Rabanal, al Festival de Humor Gráfico que lidera en Francia, Dominique Hervé, donde se dedicó un salón especial a Colombia para propiciar -desde la perspectiva de la caricatografía colombiana-, una mirada al conflicto de nuestra nación. Recientemente Cuba lo invitó como jurado de la XIII Bienal de Humor Gráfico. Distinciones que validan su nombre y la calidad de su trabajo en el ámbito nacional e internacional.

Enérgico, vital, innovador, comprometido con la realidad nacional y aportando


 

 

 

 

 

 

 

 


 

Frida Kahlo

su gota de tinta al desarrollo de la juventud colombiana, Calarcá se consolida, a través de circuitos alternativos de divulgación, como uno de los más importantes cultores de la fisonomía caricatográfica en la historia de la caricatografía colombiana.
 

Bibliografía.

Alternativa, The New York Review, Louis Menand, Bradley & Gore Diciembre de 1999. Edición 25.

Bergson, Henri. (1973)  La risa. Traducción del francés de María Luisa Pérez Torres. Madrid, Colección Austral. 164 p.

Botero, Fabio. (1986) Libreta de Apuntes. Edición personal. Bulevar de la Caricatura Colombiana. 1991. Catálogo.

Calarcá. Ocuellar. (2002) Rastreando Rostros. Catálogo.

Colmenares, J. (1984) Ricardo Rendón, una fuente para la historia de la opinión pública. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero.

Fernández, Germán. 2000. A punta de Lápiz. El Quindío en la caricatografía colombiana. Armenia: Gobernación del Quindío, Gerencia de Cultura.

Freud, Sigmund. (1952) El chiste y su relación con lo inconsciente. Traducción del alemán de Luis López Ballesteros y de torres. Buenos Aires: Santiago Rueda.

Gómez H, Alvaro. (1987). Pepe Gómez un innovador. Historia de la Caricatura en Colombia. Bogotá: Banco de la República.

Mendoza, Claudia (1988) El espejo bogotano. En Bogotá en Caricatura. Historia de la Caricatura en Colombia. Bogotá: Banco de la República.

Segura, Martha. (1991) Datos biográficos de José Manuel Groot. En Historia de la Caricatura en Colombia, Vol, 8. 

Segura, Marta. Jorge Franklin. Página Electrónica de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Stern, Alfred. 1950. Filosofía de la risa y el llanto. Buenos Aires, Ediciones Imán. 272 Pág.

Veintitrés ilustradores colombianos.(199?) Catálogo.

Vigara, Ana Ma.. Sobre el chiste, Texto lúdico. URL: http://www.ucm.es/info/especulo/ numero 10 /chiste.html.

WallStress (1998) Año1 No 1 Julio-Agosto.

 

CARLOS A. VILLEGASURIBE . Bogotá, 2003-03-16

 Carlos Alberto Villegas Uribe. Licenciado en Tecnología Educativa, Magister en Comunicación Educativa, Escritor y Gestor Cultural. Ha sido asesor del ICFES, la Alcaldía Mayor de Bogotá y el SENA en procesos de comunicación y educación. Docente de pregrado y postgrado en las Universidades del Quindío, Javeriana y Antonio Nariño. Miembro fundador de la Asociación Colombiana de Caricaturistas: El Cartel del Humor y Gerente de Cultura del Departamento del Quindío. Actualmente es profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana en las cátedras Taller de estructuración de textos y Psicogénesis de la risa. El presente ensayo retoma su investigación cultural: La Caricatografía en Colombia: Propuesta Teórica y Taxonómica y la ponencia Calarcá y Ocuellar: Rastreando Rostros, presentada en el marco la Feria Internacional del libro en Bogotá, en 2003. cvillegas_uribe@hotmail.com

 

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